Mi mamá me enseño a coser, también me enseñó a cocinar, a hacer mi cama, a lavar la ropa, a atender con cordialidad a las visitas y así, una lista de actividades que hasta el día de hoy no termino de enumerar.
Y es que no son solo actividades, siempre llevan algo más detrás; desde valores y hasta lecciones de vida algunas veces.
Lo que noté mientras cosía el borde una polera que se había deshilachado, eran todas esas cosas escondidas y cómplices que implica un acto tan simple de ver: desde elegir un color similar para que haya armonía en el resultado, el ejercicio de la paciencia tras cada puntada y el reconocer cuando ha quedado mal hecho y aunque, vayas a medio camino; desarmarlo todo y volver a intentar. Oficio, precisión, y la satisfacción al terminar de haber reparado algo que podía haber terminado en el basurero. Solo poniendo un poquito de voluntad y dedicación.
Las mamás enseñan muchas cosas que sirven más allá de la función primaria. Quizás lo saben o sospechan de alguna forma, por eso, enseñar puede volverse abrumador algunas veces.
Recuerdo bien la cara de decepción de mi madre al abrir el horno y ver cómo por tercera vez el pan se quemaba y por dentro permanecía crudo. Su frustración al no tener ideas nuevas para cocinar, los intentos incansables porque cultiváramos nuestra creatividad o las peleas con mi padre para que se "involucrara más" durante nuestro crecimiento.
Te esforzaste tanto mamá. Aún sigues haciéndolo. Quizás no manejaste las cosas como una madre "modelo" pero, sinceramente ¿quién lo es? nadie enseña como hacerlo.
Recuerdo bien la cara de decepción de mi madre al abrir el horno y ver cómo por tercera vez el pan se quemaba y por dentro permanecía crudo. Su frustración al no tener ideas nuevas para cocinar, los intentos incansables porque cultiváramos nuestra creatividad o las peleas con mi padre para que se "involucrara más" durante nuestro crecimiento.
Te esforzaste tanto mamá. Aún sigues haciéndolo. Quizás no manejaste las cosas como una madre "modelo" pero, sinceramente ¿quién lo es? nadie enseña como hacerlo.
Aún así, no dejaste que eso se convirtiera en excusa para no dar tu mejor esfuerzo. A pesar de los traumas, de la falta de guía emocional o brújula educativa para tus hijas, lo hiciste. Y lo hiciste lo mejor que pudiste, entregando el alma en el proceso.
Me enseñaste como hacer las cosas y muchas veces, sin notarlo; cómo no debían hacerse.
No me quedarán días para seguir agradeciendo todo lo que has dado, para agradecer el sacrificio que con los años sostuviste en el tiempo y los trasnoches con las tareas de último momento.
La insistencia para que aprendiera a ordenar mi ropa, lustrar mis zapatos y preparar mis cosas para el día siguiente, los sacrificios de tiempo personal que solo cuando fuí más grande tuve la capacidad de notar.
Gracias por tu entrega, tus valores, tus errores y tus retos, tu constancia, voluntad y energía, cuando ya no quedaba ni la mitad de eso. Gracias por lo macro, por lo micro y lo de en medio.
Gracias mamá por enseñarme a vivir, por enseñarme a ser y de nuevo gracias; por enseñarme a coser.

