domingo, 10 de mayo de 2026

GRACIAS


Mi mamá me enseño a coser, también me enseñó a cocinar, a hacer mi cama, a lavar la ropa, a atender con cordialidad a las visitas y así, una lista de actividades que hasta el día de hoy no termino de enumerar.
Y es que no son solo actividades, siempre llevan algo más detrás; desde valores y hasta lecciones de vida algunas veces.
Lo que noté mientras cosía el borde una polera que se había deshilachado, eran todas esas cosas escondidas y cómplices que implica un acto tan simple de ver: desde elegir un color similar para que haya armonía en el resultado, el ejercicio de la paciencia tras cada puntada y el reconocer cuando ha quedado mal hecho y aunque, vayas a medio camino; desarmarlo todo y volver a intentar. Oficio, precisión, y la satisfacción al terminar de haber reparado algo que podía haber terminado en el basurero. Solo poniendo un poquito de voluntad y dedicación.
Las mamás enseñan muchas cosas que sirven más allá de la función primaria. Quizás lo saben o sospechan de alguna forma, por eso, enseñar puede volverse abrumador algunas veces.
Recuerdo bien la cara de decepción de mi madre al abrir el horno y ver cómo por tercera vez el pan se quemaba y por dentro permanecía crudo. Su frustración al no tener ideas nuevas para cocinar, los intentos incansables porque cultiváramos nuestra creatividad o las peleas con mi padre para que se "involucrara más" durante nuestro crecimiento. 
Te esforzaste tanto mamá. Aún sigues haciéndolo. Quizás no manejaste las cosas como una madre "modelo" pero, sinceramente ¿quién lo es? nadie enseña como hacerlo.
Aún así, no dejaste que eso se convirtiera en excusa para no dar tu mejor esfuerzo. A pesar de los traumas, de la falta de guía emocional o brújula educativa para tus hijas, lo hiciste. Y lo hiciste lo mejor que pudiste, entregando el alma en el proceso.
Me enseñaste como hacer las cosas y muchas veces, sin notarlo; cómo no debían hacerse.
No me quedarán días para seguir agradeciendo todo lo que has dado, para agradecer el sacrificio que con los años sostuviste en el tiempo y los trasnoches con las tareas de último momento.
La insistencia para que aprendiera a ordenar mi ropa, lustrar mis zapatos y preparar mis cosas para el día siguiente, los sacrificios de tiempo personal que solo cuando fuí más grande tuve la capacidad de notar.
Gracias por tu entrega, tus valores, tus errores y tus retos, tu constancia, voluntad y energía, cuando ya no quedaba ni la mitad de eso. Gracias por lo macro, por lo micro y lo de en medio.
Gracias mamá por enseñarme a vivir, por enseñarme a ser y de nuevo gracias; por enseñarme a coser.

viernes, 17 de diciembre de 2021

¿EVADIR O CONFRONTAR?





Siempre he pensado que para afrontar las situaciones complejas hay que mirar de frente el problema, con todos sus tintes y bordes afilados. Una especie de "encerrona" entre el asunto y yo.
Ahí se da el espacio de llorar, patalear y lo que sea necesario para finalmente, encontrar un punto medio o concesión que nos permita seguir adelante. Esta vez, con una mochila menos cargada que al comienzo.
Pero hace pocos días, mi percepción sobre cómo abordar los conflictos ha sido puesta bajo la lupa. Mi propia lupa, al notar que las "fórmulas" que creía infalibles (aunque siempre dolorosas) podrían estar un poco erradas (spoiler: bastante).
Pensaba que el distraerse y pasarlo bien durante un conflicto interno era una especie de "recreo" del problema central y que luego debía afrontarlo como ya sabía hacerlo. Que los momentos de risa y relajo eran pequeños "parchecitos" o pausas que solo aplazaban el inevitable momento de mirar cara a cara el conflicto.
La costumbre de estar sola y la certeza construída de "poder sola con todo", estaban nublando mi juicio y poniendo una sombra ingrata sobre la ayuda desinteresada que recibía de los demás.
Una salida, una conversación o una invitación a tomar oncecita. Cualquier cosa que nos abrigue un poco el alma podía tener este "potencial sanador" y no lo estaba notando y por ende; subestimando.
Confrontar algo no siempre debe ser un acto solitario o completamente doloroso. También tiene sus tintes variados, así como la vida misma.
Aceptar ayuda o pedirla es tan necesario como respirar, aún más en momentos donde nos vemos sobrepasados emocional o psicológicamente. Somos seres sociales y está en nuestra naturaleza (nos guste o no) el compartir con el otro.
Distraerse no necesariamente significa evadir si das espacio para tratar ese conflicto en algún momento.
Ya luego podrás volver a la situación con otro aire y abordarlo con energía renovada o menos carga emocional negativa.

A veces es mucho más sano revisar nuestra carga y repartir (compartir) el peso.

Sepan perdonar mis redundancias y falta de claridad al redactar esto, yo también estoy aprendiendo.


domingo, 5 de diciembre de 2021

LA TIJERA ROJA


Eran pasado las 3 de la tarde, el calor invadía cada habitación de la sureña casa, mientras Pamela suspiraba mirando al techo:

¡Qué aburrido! - exclamaba a la vez que mecía su pierna que colgaba de la cama.

De pronto, a lo lejos, una pregunta la sacó de su trance: "¿Dónde está la tijera roja?".

La voz firme y demandante de su padre se hacía imponer en tan solo 5 palabras.

jueves, 10 de diciembre de 2020

TE QUIERO

Te quiero, ¿sabes?

Tal vez no. Pero te quiero a pesar del tiempo, las distancias y el pasado de enredo.

Te quiero a pesar de los dolores, las discusiones, el estrés y las contradicciones.