martes, 10 de junio de 2014

LA ÚLTIMA VEZ QUE LLORÉ CON ESCÁNDALO, MI GATA ME MORDIÓ.

 


Pasa que había recibido las (para mí) dolorosas y confusas palabras de un ser humano que había significado muchas cosas en mi vida. Y bueno, las últimas huellas que esta persona había dejado, resultaron algo así como un socavón en la tierra pedregosa.
Por lo mismo, al momento de leer lo que me tenía escrito, estallé en llanto. Debo aclarar en mi defensa que me contuve bastante digna  hasta el primer párrafo. Pero bueno, luego de comenzar con la ronda de lágrimas y una procesión de mocos, me tendí sobre la cama con una actitud más que depresiva ante la vida.
Todo esto, mientras mi gata se subía sobre mí, maullando un poco ansiosa y diría que nerviosa también.

Y bueno, como el concierto deprimente parecía no terminar y se adornaba de profundos sollozos y tiritones. Parece que mi gata no encontró nada mejor que maullar más fuerte y rápido hasta que de pronto se acercó a mi cuello, más bien la pera y zas! Me mordió.
Reaccioné en seguida, me senté de una y bastante alterada le grité: “¡Pola, gata de mierda, ¿cómo se te ocurre morderme?!”… Hubo una pequeña pausa  mientras la miraba fijamente y comencé a reír, creo que ella de cierta forma entendió que me estaba riendo y se alejo de mí sin temor y moviéndose como de costumbre.
Al final creo haber entendido algo entre todo este drama express de media tarde; Había que dejar de lloriquear, madurar y hacerle frente, comportarse como adulto. Y mi gata siendo regalona y dependiente, como la describo muchas veces, me había dado una lección.

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